Hace unos días, vi una película de Jim Carrey, llamada "Olvídate de mí"; una película, bastante seria teniendo en cuenta el hilo de películas en las que ha trabajado el actor hasta ahora. Pura comedia.
Jim es un actor que hace reír de verdad, y no estoy hablando de una risa breve, sino carcajadas que te hacen llorar e impiden la entrada de aire a tus pulmones. Pero gracias a esta película he descubierto una faceta de uno de mis actores favoritos que hasta entonces desconocía. No sólo sabe hacer reír, sino que sabe conmover.
En la película, Joel es un hombre solitario y bastante abandonado por la sociedad. Encerrado en su propio mundo, a veces tiene impulsos extraños y siente la necesidad de escapar. Un día confiando en uno de sus impulsos, decide faltar al trabajo y coger un tren que le lleva a una playa lejana. Allí conoce a Clementine; una chica bastante hippie, también impulsiva y bastante más sociable que Joel. Se gustan por lo diferente de sus caracteres y comienzan a salir. Ésta es una película in media res, es decir, que comienza por la mitad de la historia, por lo que puede llegar a causar una cierta paranoia, teniendo en cuenta también que la película en sí lo es.
Bien, lo cierto es, que ambos comienzan a tener una especie de deja vu, sienten en sus corazones que se les escapa algo, que hay cosas que no pueden entender. Hasta que descubren que ambos, ya se conocían de antes, pero que decidieron someterse a una terapia para olvidarse mutuamente por el dolor que les causaba el recuerdo de su relación.
Esta parte de la historia me conmovió bastante, pero también me dio mucho que pensar. ¿Es mejor olvidar lo que nos duele?, ¿lo que marcará para siempre nuestras vidas?, ¿quienes pertenecieron a ella y que ya no están?.
En mi opinión, creo que no debemos borrar nada de lo que hemos vivido, sea bueno o malo; al haberlo vivido ya forma parte de nosotros, de lo que somos. Cuando una relación se termina, o cuando perdemos a alguien ¿ por qué queremos olvidar?, ¿ acaso intentando olvidar a alguien conseguimos olvidarle?.
Debemos hablar de ello, lamentarnos, alegrarnos, desahogarnos... al principio dolerá mucho, sentirás que te ahogas, que te quemas por dentro, luego con el paso del tiempo seguirá doliendo pero será cada vez menos, y un día te darás cuenta de que donde antes había una herida ahora hay una cicatriz, y cuando recuerdes aquello que te hace sufrir sentirás sólo un pinchacito.
A largo de la vida, cometemos errores, acertamos, tenemos suerte, perdemos y ganamos. Y si olvidásemos un error cada vez que lo cometemos, ¿cómo sabremos la próxima vez que no debemos repetirlo?.
Vivir es, convivir con todo lo que vivimos, vivir es recordar que acertamos y que también nos equivocamos.
El título de mi segunda publicación en el blog, ese que tenéis ahí arriba es de mi escritor favorito; Oscar Wilde. No sé cómo era, cual era su comida favorita o si tenía alguna mascota; todo lo que se de él es que era inglés, escritor, tuvo hijos, y lo más importante, que la mayor parte de las palabras que salieron de su boca se convirtieron en citas tan famosas que la gente las recordaría y enseñaría a sus hijos durante muchos años. En mi opinión, una especie de Sócrates moderno.
Hace como un año, compré un libro que recopilaba muchas de las citas de este autor, y cada página que pasaba me sorprendía más. No eran citas con un significado oculto, sino tan claras y verdaderas como la vida misma.
A pesar de que encontré varias que fueron de mi agrado, mi favorita fue la de este título: " la desgracia de la vejez, no es ser viejo, sino haber sido joven"... ¿ es posible explicar tantas cosas en una sola frase?, parece que sí.
No entiendo por qué ha comenzado a preocuparme el tiempo más de lo habitual últimamente. Siempre he sido una de esas personas, de las que no se preocupa de él porque cree tener todo el tiempo del mundo en sus manos para hacer lo que quiera. Pero desde hace unos meses, siento que se me echa encima, y que teniendo mucho tiempo, a la vez no tengo suficiente. Creo que gran parte de la culpa la tiene el que vaya a cumplir los veinte este mes.
Lo sé, no es nada grave, no es que me vayan a comer las patas de gallo a los veinte, la mayoría de vosotros pensareis, ¿ y ese es tu mayor problema?, lo seeeee!.
Veréis, tengo un profesor, un poco especial que un día en clase nos dijo: " cuando cumpláis los veinte y miréis atrás os daréis cuenta de que no habéis echo nada, y os preguntaréis, ¿que he hecho con mi vida? ".. Esta persona, es la clase de profesor que intenta "animar" a sus alumnos diciendo esta clase de frases para que nos ayude a levantar nuestro trasero casi pegado al sofá, salgamos a la calle y hagamos cosas útiles que nos ayuden en un futuro. Que hagamos hoy, cosas que podemos dejar para mañana, para pasado mañana o incluso para dentro de 3 años, para que entonces, podamos invertir ese tiempo en otra cosa igual de útil.
El caso es, que desde que le oí decir esa frase, me tiene en una paranoia permanente. Aún no he mirado atrás, y tengo miedo de hacerlo. Tengo miedo de darme cuenta de que no he aprovechado como quería estos veinte años, de que se me han escapado cosas y de que no puedo volver atrás para arreglarlas y hacerlas de otra manera. Al fin y al cabo, ya se está acabando lo de depender de los padres, de que te perdonen por ser una niñita linda, y un largo etcétera.
Ahora llega la responsabilidad y el buscar por ti mismo tu lugar en el mundo.
Tal vez esta sea la tercera vez que creo un blog en este año, pero tengo el presentimiento de que este será el último. ¿Cuál debería ser el tema de la primera entrada?,¿de qué tendría que hablar?... puede que el mejor tema para empezar, sea contaros como soy; sin embargo no lo haré y me limitaré a escribir sobre el echo mismo de escribir.
El que escribe es alguien que tiene algo que decir o que siente la necesidad de hacerlo. En mi caso, siempre, en algún momento del día siento la necesidad de escribir lo que pienso, lo que siento, por qué estoy triste o por qué me he puesto a pensar en algo... y así ha sido desde que descubrí este arte, el de la escritura.
Cuando tenía catorce años, escribía a todas horas; en clase, en casa, en el recreo... pero escribía una especie de poesía mezclada con trocitos de mis propias vivencias y sentimientos, que al final, no resultaban ser más que un montón de palabras sin sentido que al leerlas en voz alta producían un sonido armonioso.
Ahora, con casi seis años más y tras haber dejado atrás la adolescencia y todo lo que ello conlleva,siento que tengo muchas cosas que decir y que contar.
